CENTENARIO, su época
Por Juan J. Herrán (63B) – Presidente de la Asociación de Exalumnos
En 2003 se cumplió el centenario de la llegada de los Hermanos Maristas a la Argentina. Encontraron un país lanzado a la prosperidad, que los esperaba con los brazos abiertos, los mismos que recibían a miles de inmigrantes europeos que llenos de fe y esperanza venían a volcar en esta nuestra joven Patria sus ilusiones y su firme determinación de convertirlas en vidas plenas, felices.
El manuscrito que figura más abajo constituye un ejercicio de imaginación –obviamente con fundamentos de investigación histórica– con el propósito de situarnos en la idea y las circunstancias que vivieron los hermanos al llegar a nuestra ciudad.
En el intento de completar el cuadro, se reproduce la publicación de La Nación del día 26 de septiembre de 1903, que muestra un panorama de impensada actualidad.
Queremos con ello demostrar que, cuando se inicia esta verdadera epopeya de los maristas en la Argentina, el campo educativo presentaba no pocas dificultades. A lo recogido por La Nación, cabría agregar las propias y medidas expresiones del Hno. Sixto, quien en su "Diario de Viaje" señala que no obstante el interés de la Argentina por la educación, "treinta mil niños que corren por las anchurosas calles de Buenos Aires, sin instrucción ninguna, aprendiendo las perniciosas máximas que aquí, como en todas partes del mundo, abundan". En otro pasaje, al referirse a los primeros seiscientos alumnos que, sólo tres días después de llegados, les confían los Padres Lazaristas, sentencia: "Los niños, en general, son un poco difíciles".
Enfrentar exitosamente la adversidad fue una constante en la vida del Padre Champagnat y de la Institución por él fundada. Así, los Hermanos, en un proceso dinámico, veloz, echaron raíces en muchos lugares de la Argentina. Fueron, con su misión educativa, el fermento, la sal del mundo, de grupos sociales de las más diversas características: desde niños huérfanos de poblaciones rurales hasta los hijos de las familias más importantes del país. Y lo hicieron con paso vencedor, pero a la vez sencillamente, humildemente, modestamente.
Vaya, entonces, en estas líneas, nuestro agradecimiento y afectuoso homenaje.
LOS HERMANOS MARISTAS, HOY
Nuestra Asociación, si bien está orientada a preservar las tradiciones, no puede constituirse en una asociación de o para la nostalgia. Por eso, consideramos propicia la oportunidad para referirnos a los Hermanos Maristas en la actualidad. En el mundo y en la Argentina, simplemente porque no se concibe una Asociación de Exalumnos sin un Colegio con un presente exitoso, con los Hermanos Maristas en su sustento, tal como ya lo expresáramos en nuestra Revista Nº20, pág. 26.
El XX Capítulo General que se reuniera en Roma a fines del 2001, frente a la problemática mundial de la disminución del número de hermanos y el aumento de su edad media, tomó el toro por las astas y encaró el próximo período de ocho años, que en nuestra interpretación no es otra cosa que el ejercicio del denodado espíritu de lucha de nuestro fundador, la certeza del éxito futuro, aunque haya que vencer tremendas adversidades, nota destacada en la espiritualidad de Champagnat, sintetizada en "Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús".
La nueva conducción, a cargo del Hno. Sean Sammon (norteamericano de origen irlandés) ha priorizado el regreso a la espiritualidad de Champagnat, al decir que "es el fundamento sobre el cual debemos recomenzar para descubrir una nueva y comprometida identidad para nuestro Instituto".
Al mismo tiempo, el Superior General ha dispuesto una reorganización administrativa a nivel mundial, tendiente a reducir las estructuras burocráticas. Así, las dos provincias que abarcaban la Argentina y el Uruguay han sido fusionadas en una sola provincia, a la que se han anexado Bolivia y Paraguay. La nueva provincia se llama Cruz del Sur, en una feliz y promisoria coincidencia con la constelación admirada por el Hno. Sixto y todos los europeos que llegaban a estas costas. Ha sido designado Provincial nuestro querido Hno. Demetrio Espinoza, siempre abierto e interesado por el quehacer de nuestra Asociación.
Paralelamente, en todo el mundo los Hermanos se enfrentan a la opción entre ejercer su vocación misionera dentro del marco de la educación formal o hacerlo en el plano más amplio de lo asistencial, una suerte de activismo que insensiblemente aleja a los Hermanos de la oración, del contacto con el Señor, indispensable para la perseverancia en la vida religiosa. Consideramos desde nuestra perspectiva que en la esencia de los Hermanitos de María está la evangelización dentro del marco educativo formal y que éste fue el objetivo prioritario de la inspirada creación de Champagnat. Este es el verdadero carisma de los Hermanos Maristas.
En cuanto a la determinación del ámbito socioeconómico en el cual debiera desarrollarse la misión educativa, nuestro fundador no excluyó a nadie, y privilegió a los más desatendidos, término que a la luz de las conductas de Champagnat, no debe interpretarse como una categoría socioeconómica sino religiosa, espiritual.
El Hno. Sixto, con visión de futuro, impulsó la creación de este nuestro querido Colegio Champagnat, que con sus más de medio centenar de exalumnos ordenados sacerdotes, se ha constituido en uno de los ámbitos en los que más se hizo realidad, como la semilla que cae en suelo fértil, la parábola del Evangelio.
Tenemos una deuda: nuestro escaso aporte en vocaciones maristas. Pero este pasivo es común a la gran mayoría de los colegios maristas. Será por la natural ingratitud que ya Nuestro Señor expone en el relato de los leprosos.
Sabemos que en Roma, la Congregación prepara una campaña por las vocaciones, que se iniciará en septiembre de 2004. La esperanza es el signo de los tiempos y nuestra oportunidad de reducir la enorme deuda de gratitud con Champagnat y con los Hermanos.
Al inicio del tercer milenio, Su Santidad Juan Pablo II nos ha exhortado a mirar el pasado con gratitud, el presente con pasión y el futuro con confianza. Nuestra Carta Editorial pretende recoger esta directiva.