CRISTIANISMO Y LIBERTAD. POR UNA ARGENTINA MEJOR

Por Cristián Lavarello (76C)

Entre quienes apreciamos la belleza del arte y la naturaleza nos ha llamado la atención el cuadro "El Regreso del Hijo Pródigo" de Rembrandt que se encuentra en el Museo del Hermitage, en San Petersburgo. La parábola del hijo pródigo la aprendí en el Colegio al igual que muchos exalumnos y me hizo meditar sobre el retorno a valores y principios sin los cuales la vida civilizada y en libertad resulta impracticable.

La libertad es un don de Dios, en ningún pasaje de la Biblia encontramos que sea lícito lesionar la libertad.

La filosofía de la libertad está basada en principios morales básicos como la dignidad de la persona. Cuesta imaginar un cristiano que no quiera la libertad, único camino para su encuentro con Dios. La libertad espiritual no se nos puede arrebatar.

Manuel Solanet nos recordaba el año pasado "La sin razón de abogar por el estatismo y la reducción de las libertades individuales, como medios para lograr el crecimiento... son también ejemplos de medios inadecuados para fines nobles. El siglo XX ha sido un abundante muestrario de éstos desvíos, mucho de los cuales culminaron con la toma del poder y la opresión. No está allí el idealismo que pretendemos.".

La caridad de la que hablan las Sagradas Escrituras implica un acto libre y voluntario realizado con recursos propios.

Durante la secundaria escuché muchas veces que del Colegio saldrían parte de la clase dirigente de nuestro país.

El espíritu crítico requiere una elaboración por parte de cada uno, para tratar de elegir lo mejor y desprendernos del error.

En toda persona hay una continuidad entre pensamiento y vida. El ser humano es una unidad. Recordando nuestros años del Colegio tuvimos enseñanzas de virtudes cristianas teóricas y prácticas que advertimos entre maestros y alumnos: el paciente, el manso, el magnánimo, el amable, el afable, el prudente, discreto, solidario, veraz, alegre, justo, el comprensivo.

El progreso moral se alcanza trabajando en uno mismo a diario.

Creo que es una necesidad volver a unir el entramado social y lograr el restablecimiento del orden social de la libertad.

La encíclica de S.S. Juan Pablo II "Centesimus Annus" conserva toda su vigencia.

San Marcelino Champagnat trabajó para formar "buenos cristianos y virtuosos ciudadanos"...

Que Dios nos ayude.