EL HERMANO SANTAMARÍA. TESTIMONIO DE SANTIDAD EN UN FORMADOR MARISTA

Por Agustín Ithurralde Argerich (96CH)

Ningún ex alumno del colegio egresado en los últimos 25 años podrá olvidarse del hermano Santamaría. Asesor espiritual de decenas de camadas de jóvenes secundarios, como solía llamarnos, y asesor de la asociación de ex alumnos desde las primeras épocas. Luego de una larga enfermedad falleció en los primeros meses del 2004.

Muchos de los que supimos buscar su consejo o la charla amena sentimos profundamente su desaparición física. El "Chipi", sobrenombre cariñoso que se supo ganar por parte de la comunidad de alumnos y ex alumnos, poseía virtudes ejemplares como hermano marista. Si de alguien conocimos la esencia propia de un educador y formador en la moral cristiana y marista, fue de él.

El pequeño gran hermano que caminaba con su estricta sotana negra por los pasillos del colegio. Con las manos cruzadas en la espalda, siempre con un comentario alegre y justo, acompañado irremediablemente con esa sonrisa serena que lo caracterizaba. Dispuesto a escuchar y aconsejar desde su experiencia y conocimiento. Quizás uno de los últimos vestigios de una generación de hermanos educadores orgullosos de la tradición religiosa heredada de una España con profundas raíces Católicas y Marianas.

Por algún extraño designio de Dios, dotado de una memoria privilegiada, recordaba el nombre y apellido de cada uno de los alumnos que asesoraba. Interesado no solo en el camino de vida de estos durante su paso por el colegio, sino en su formación íntegra hasta que estos llegaran a ser hombres de bien. Por esto procuró no perder contacto con los egresados, con quienes se comunicaba hasta telefónicamente para fin de año y los cumpleaños de cada uno. Sus palabras, muchas veces duras, eran siempre justas y ciertas, por lo que tomarse el tiempo para conversar con él era especialmente provechoso y gratificante.

Implacable en cuanto a la moral a seguir por un joven marista, no vacilaba en reprender la debilidad y tibieza en la vida diaria. Repetía constantemente la responsabilidad que conllevaba la condición de futuros líderes de la patria, profesionales de prestigio y ejemplos de la sociedad en donde vivimos. Llamaba a aprovechar los talentos con los que nos había beneficiado Dios, y como debíamos multiplicarlos. Este ejemplo de rectitud moral y cristiana tampoco olvidaba aconsejar que así como el hijo pródigo volvió a los brazos del padre, nosotros podíamos pedir perdón y abrazar a Dios cuantas veces hiciera falta.

Este era el hermano Santamaría, quien sentado en su escritorio, agarrándose la frente, dándole pasión en su consejo no olvidaba recomendar diciendo: "hijo... nunca debes olvidarte de rezarle a la Virgen, nuestro recurso ordinario". Solía entregar estampitas con oraciones a la virgen, incitando a rezarle constantemente. Personalmente me encantaba escucharlo cuando contaba historias de otras épocas, muchas de la guerra civil española, en donde la virgen intervenía y salvaba de la muerte a aquellos que le eran devotos.

Gracias a Dios, tuve la suerte de encontrarme seguido con el hermano Santamaría hasta un tiempo antes que fuera trasladado a la casa de los hermanos en Pilar. Disfrutamos de largas charlas, en donde se traslucía su preocupación por los cambios profundos que veía en el Colegio Champagnat. Se lamentaba por el rumbo "agiornado" que estaba encarando el colegio. No podía comprender la pérdida de ciertos valores formativos y como se descuidaba la formación espiritual de los alumnos, como se bajaba el nivel de exigencia académico, y vislumbraba una pérdida del material humano que concurría y trabajaba en el colegio.

Por sobre todo, el hermano Santamaría era una persona sumamente capacitada y con una vocación formativa que ojalá algún día el Colegio pueda suplantar. En tiempos en donde la mayoría de las vocaciones religiosas masculinas se vuelcan al sacerdocio, se hace sentir la falta de este tipo de abnegados religiosos que toman sus votos con el fin de formar y educar a futuros hombres de bien. El hermano Santamaría dedicó su vida a los alumnos y exalumnos de esta colegio, logrando con seguridad su objetivo de acercarnos al ideal Cristiano perseguido por nuestros padres al incorporarnos a la familia de nuestro querido Colegio Champagnat.

Quisiera, para terminar, recordar que fue el hermano Santamaría quien constantemente fomentó la existencia y ampliación de la Asociación de Ex Alumnos del Colegio Champagnat. Se interesó y dedicó parte de su agitada agenda diaria a buscar que los exalumnos no perdieran contacto con el colegio y todo lo que este implicaba.

Chipi, seguramente estas sentado allá arriba muy cerca de la Virgen y de Jesús, en un puesto destacado dentro de los hermanos maristas que seguramente te acompañan, y en lo que a mi respecta, tu testimonio de vida se acerca al ideal de santidad.