EL CASTELLANO QUE HABLAMOS
Por Manuel A. Solanet (57B)
Una cuestión que despertó mi curiosidad cuando terminé el colegio, fue porqué usábamos los verbos de forma diferente a la que nos enseñaron. Decimos "vos tenés" en lugar de "tu tienes" y jamás usamos "vosotros tenéis". Creía en aquel entonces que el voseo era una mala deformación local del castellano y que además era reciente. Luego de algunos años estudié esta cuestión y descubrí que si bien el idioma castellano no incorpora oficialmente el voseo, esta fue una modalidad que heredamos de España hace cinco siglos y que forma parte de nuestras más profundas tradiciones. No se trata de lunfardo ni es un signo de desculturación.
En efecto, el voseo en la lengua castellana tiene su origen en épocas previas al descubrimiento de América. Esta modalidad, que se inició en el tratamiento hidalgo, consistía en una transposición en la conjugación de los verbos, empleando la segunda persona del plural en sustitución de la segunda del singular. El vosotros sustituyó al tú y más tarde el apócope vos sustituyó al vosotros. El "tu hablas" se convirtió de esa forma en "vos habláis". El imperativo "habla tú" pasó a ser "hablad vos". Luego, las deformaciones que usualmente derivan del uso y la dificultad de pronunciar los diptongos o la d final, llevaron al actual "vos hablás" y "hablá vos". No se trata, como muchos creen, que el voseo es simplemente una acentuación inadecuada del verbo, sino que es la omisión de letras luego de aquella transposición. Esto se ve más claramente en los verbos irregulares, por ejemplo "tené vos" por "ten tú" o "vos tenés" en lugar de "tu tienes".
Una vez que se ha comprendido la construcción del voseo resultan entendibles todas las diversas modalidades que de él se derivan. Por ejemplo por qué decimos "abrime la puerta" (abri(d)me) en lugar de "ábreme la puerta".
El voseo vino a América con los conquistadores y así se extendió y arraigó. Era de uso común en la península, pero particularmente en Extremadura de donde vinieron gran parte de aquellos conquistadores. Mientras tanto y a partir de entonces en España se produjo su desaparición gradual. El proceso de corrección no fue igual en Hispanoamérica. El retorno al uso tradicional de las conjugaciones se extendió geográficamente en el mismo sentido que las corrientes colonizadoras, sin embargo no alcanzó a completarse. El voseo persistió en las regiones más alejadas de aquellas corrientes, que hasta el siglo XIX fueron las áreas poco accesibles de Centroamérica y el extremo sur del virreinato del Río de la Plata al que se accedía por tierra desde Lima. Lo notable es que después de 400 años que en los colegios se ha enseñado la correcta conjugación castellana de los verbos, en la Argentina, Paraguay y Uruguay seguimos empleando el voseo y no el tuteo. En todo caso los uruguayos sólo han logrado el "tu tenés".
Hagan la prueba de preguntar a sus compañeros de estudios si su bisabuelo argentino hablaba de tú o de vos. La gran mayoría responderá erróneamente: de tú. Muchas veces esta confusión surge de la lectura de cartas conservadas en la familia, en las que por cierto prurito en la correspondencia se empleaba el tú aprendido en el colegio, en tanto se usaba siempre el vos en la conversación familiar.
En 1879 José Hernández hablaba voseando en segunda persona del singular a través del Viejo Vizcacha: " Hacete amigo del juez , No le des de que quejarse; Y cuando quiera enojarse, Vos te debés encoger, Pues siempre es güeno tener, Palenque ande ir a rascarse."
El voseo y el tratamiento de usted son modalidades lingüísticas que no tienen relación entre si. En el tratamiento de usted, la segunda persona, tanto del singular como la del plural, son sustituidas por la tercera persona en cada caso. Los pronombres tú y vosotros se reemplazan por usted y ustedes respectivamente, que derivan de la abreviación de Vuestra Merced. Es así por ejemplo que se emplea el "ustedes hablan" en lugar de "vosotros habláis". El tratamiento de usted se origina en el respeto debido a una persona de mayor edad o de escala social más elevada, mientras que el voseo se inició como un tratamiento entre hidalgos iguales.
Debido al voseo y a pesar del prurito en las clases intelectualmente más elevadas, se perdió el tú en Argentina. Por el tratamiento de usted se perdió también el uso de los verbos en la segunda persona del plural, aún en la conversación familiar. En rigor esto último ha ocurrido también en toda Hispanoamérica, incluyendo los países que erradicaron el voseo. El pronombre vosotros o el dativo os y la conjugación de la segunda persona del plural, solo se emplean actualmente en el castellano hablado en España. El uso del vosotros en argentinos nativos pasa a ser casi una curiosidad y el tratamiento de tú en la conversación familiar, quiérase o no, es percibido en nuestro país como snobismo carente de naturalidad.
El voseo en definitiva, forma parte de nuestra más antigua tradición y lo hemos heredado en su origen de nuestra propia madre patria. Su subsistencia en el Río de la Plata se debió hasta nuestra independencia, al aislamiento y la lejanía de estas regiones. Posteriormente ha reflejado una peculiar resistencia al cambio de costumbres. Es un rasgo que nos caracteriza y debemos tomarlo de esa manera.