LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ EN LA ARGENTINA
Por Carlos González Fernández (69B)
En las últimas cuatro décadas la industria Automotriz Argentina experimentó ciclos de altas y bajas ligados a los avatares de la economía, con ventas al mercado interno oscilando entre 100 y 350 mil unidades al año.
La década pasada pareció anunciar un importante proceso de desarrollo de la industria, impulsado por la estabilidad monetaria, la recuperación del mercado interno, el Régimen Automotory el crecimiento del Mercosur y el mercado Brasileño.
En el año 1994 el mercado interno alcanzó ventas por 500 mil unidades.
Esta evolución generó fuertes expectativas que a su vez incentivaron inversiones significativas en el Mercosur, del orden de los 25 mil millones de dólares.
A partir de 1999 la conjunción de factores negativos externos e internos -- principalmente la devaluación brasileña y la recesión en la Argentina -- provocaron fuertes caídas de demanda en ambos países y marcada sub-utilización de la capacidad productiva instalada. Esta situación impactó de lleno en la industria terminal local que acumuló pérdidas cercanas a los 1.000 millones de pesos entre 1997-2000, con grandes interrogantes sobre la sustentabilidad futura de la misma. La industria en el mundo
La producción de la industria automotriz mundial se organiza según una jerarquía de países ordenados por el tamaño de sus mercados internos.
Estos países a su vez se agrupan en bloques o regiones comerciales, siendo el Mercosur el quinto mercado mundial de vehículos. Por su escala actual de 270 mil unidades año, la Argentina se encuentra en el limite de viabilidad para ser considerado un país productor autónomo: existen países con mercados internos de 300 mil unidades que no fabrican vehículos, por lo que producir localmente solo adquiere relevancia estratégica dentro del Mercosur.
A pesar de los avances en los últimos años en materia de productividad y calidad, la Industria Automotriz Argentina presenta brechas de competitividad significativas con el mundo, con costos de producción entre 20 y 30% superiores respecto a las referencias mas cercanas como algunos países de Europa occidental y Brasil. Esta brecha, además, se ha profundizado recientemente por la pérdida de valor de las monedas respectivas con relación al dólar.
Las diferencias de costos de un vehículo producido localmente se explican fundamentalmente por el mayor costo de las partes, componentes, conjuntos y mano de obra, sumado a la baja productividad de la misma, todo esto explicado en gran medida por las limitadas escalas de producción de la industria local.
Adicionalmente, el costo total que debe afrontar el bolsillo de un consumidor argentino al adquirir un vehículo es extremadamente elevado, por la fuerte carga impositiva, altos costos de registración y patentamiento y mayores costos de comercialización por ineficiencias de la red de distribución, entre los principales factores.
Análisis a futuro
Un primer eje consiste en viabilizar en el corto plazo el mercado interno mediante medidas reactivadoras que aseguren un piso de 300 mil vehículos año para defender la capacidad instalada. Esto requiere disminuir entre 10 a 15% el costo total de adquisición de un vehículo para el consumidor, actuando sobre las brechas de competitividad de la industria: reducción de costos de producción, impuestos y gastos registrales.
El segundo punto deberá asegurar un rol activo de la industria local en el Mercosur, mediante una integración plena con Brasil. En este escenario, la Argentina debería tender a la especialización en la producción de vehículos y autopartes para lograr escalas adecuadas, con cada terminal produciendo una única plataforma y pocos modelos. La Argentina se focalizaría en la gama media de automóviles y utilitarios livianos, mientras que Brasil lo haría en los automóviles más económicos y comerciales pesados.
Finalmente, el desafío a futuro es desarrollar a largo plazo una inserción realista de la industria local en el contexto mundial. Este escenario pretende reservar para el país el papel de productor de nichos de alto valor agregado, con un rol sustentable en la división internacional del trabajo.
Las alternativas reseñadas constituyen una clara oportunidad para que Argentina logre impulsar una industria automotriz sana y competitiva, beneficiando fundamentalmente al consumidor argentino al ofrecerle productos de menor precio y alta calidad comparable a la de cualquier país desarrollado.
(Fuentes: ADEFA)
Carlos González Fernández es Director de Relaciones Externas
y Comunicaciones
PSA PEUGEOT CITROËN Argentina