LA VIRGEN MARÍA EN EL CORAZÓN DE LA GLOBALIZACIÓN
Por el Hno. Eugenio Magdaleno, Director General del Colegio
La globalización hace referencia a la eficiencia, calidad total, favorece el reinado de la inteligencia, la racional y la digital. La globalización exalta las alianzas políticas y comerciales y se enorgullece de la rapidez y universalidad de la comunicación; hace gala de promover pluralismos más diversos y nos deslumbra con su capacidad de producir bienes y servicios.
A pesar de esas bondades, que son objetivas y dignas de elogio, la globalización está enferma, casi en terapia intensiva. La globalización posee una brillante inteligencia, un bolsillo insaciable y un corazón mezquino. Por eso, su perfil patológico acusa distintas enfermedades.
Discrimina a los débiles y a los ancianos. Endiosa el tener sobre el ser, haciendo del consumo una "religión". Está muy informada pero cuanto más información ofrece más crece el aislamiento, la incomunicación interpersonal y la ausencia del diálogo familiar.
La salud física ha mejorado y la persona se hace cada vez más longeva, pero el hombre sigue quebrado por el estrés, la precariedad afectiva, la provisoriedad laboral, la superficialidad de las relaciones y como nunca, el "homo globalizado está amedrentado por los miedos existenciales, que provienen de quién no sabe ni para qué está, ni hacia dónde va.
Es incomprensible que a la gran eficiencia del producir, vaya aparejada la injusta distribución de los bienes: cada vez menos tienen mucho más y los que son más, los pobres, cuentan con un progresivo y acelerado bastante menos.
La globalización ha proclamado los derechos humanos y la libertad de prensa y sostiene con entusiasmo el vivir en la diversidad. Pero ¡oh paradoja!, nunca se ha negado como hoy el primer derecho humano, el derecho a la vida. El aborto, la eutanasia y la violencia bélica y delictiva van apropiándose de nuestro planisferio.
Los medios de comunicación oral y escrita, ellos también han caído en el sacrilegio de violar la intimidad del hogar, de robar la inocencia a los niños y de inculcar una sutil y mortífera violencia que aflora en aulas, calles y familias. En nuestro suelo argentino y en el cosmos, la paz, esa caricia de Dios, está bastante ausente.
Y podríamos hablar del pillaje ecológico y de la justicia títere que se mueve al ritmo del dinero y convierte al juez en delincuente.. El vergonzoso y absurdo equiparamiento del matrimonio entre un hombre y una mujer con las otras uniones de personas del mismo sexo o de género concurrente.
No pretendo hacer un perfil exhaustivo de la globalización, sino esbozar unas pinceladas que hagan comprender mejor por qué la Virgen puede estar en el corazón de este mundo globalizado, que exitoso en tantas cosas, está herido de soledad y de desconcierto.
Humanizando la Globalización
Ya dijimos que la globalización es rica en inteligencia y paupérrima de corazón.
Le falta oxígeno a su corazón, necesita un flujo sanguíneo que la anime, que la humanice, que la haga tan generosa en el compartir como es perspicaz en el razonar y voraz en el ganar. La Virgen puede ser, empleando una atrevida metáfora. El "marcapasos" de la globalización, la que le haga superar su arritmia egoísta, y trocar su raquítico corazón en un corazón solidario con rostro fraterno.
En efecto, María es paradigma de algunos aspectos positivos de la globalización y respuesta compasiva a las deficiencias.
Con el "¿cómo será esto si no conozco varón alguno?", María es la joven discerniente, que escucha y se interroga; que agudiza la inteligencia y fuerza la razón. Así María se hermana con el hoy intelectual, con el gran principio de toda búsqueda científica: qué es esto, qué significa, a qué me lleva.
Pero la virgen es la señora del pluralismo, de la apertura intercultural; crece asumiendo diversidades. Es la niña nazarena, es la madre de Belén y la exiliada en Egipto. Es la repatriada que aprendió otro idioma y convivió con religiones y culturas tan diferentes de la judía.
En Belén, no mezquina el hijo a nadie. Se lo ofrece a reyes y sabios que traen regalos. También se lo entrega a pastores que huelen a estiércol. Ni siquiera se lo niega a los betlemitas, que días antes la ignoraron, cerrándoles las puertas.
Constatamos que nuestra sociedad se esfuerza por crecer en solidaridad. Tantas ONG y colectivos religiosos que intentan mitigar las necesidades de los hermanos y acotar diferencias de clases y limar resabios ancestrales.
La actitud interpeladora de María: "Hijo, no tienen vino". El vino llegó. Aquí y ahora sigue pidiendo el vino que sus hijos necesitan: el vino del trabajo, de la unión familiar, de la salud…. Cuantos "vinos". Bella figura la de María solidaria y mediadora, tan de hoy, tan de siempre. Si en Caná fue generosa, en el Calvario fue heroica: "junto a la cruz estaba su madre".
Aquí su mediación, no fueron las palabras, fueron los silencios, el dolor y el perdón. Nos dejó el ejemplo maravilloso de que el ser y el estar junto a, superan tantas veces el hacer por.
Pero la globalización tiene sus falencias y sus víctimas. Para estas víctimas, la Virgen es la madre comprensible, no sólo desde la compasión maternal, sino desde su experiencia existencial. Ya hemos señalado las debilidades que laceran la globalización. María las padeció y por eso puede comprender a quién duerme en un banco de la plaza arropado con diarios porque es un desalojado. Ella, el Niño y José masticaron el frío de la huida y fueron emigrantes y extranjeros, que cruzaron fronteras. Por eso, la Virgen comprende y acompaña con su mirada maternal las masas de hombres y mujeres que la guerra, el hambre y las persecuciones empujan como olas humanas hacia la seguridad y la abundancia de los países ricos.
En Belén es madre de los pobres que aspiran, al menos, a tener la dignidad que da la propia iniciativa. Nadie les abre una puerta, pero ni desesperan, ni van a mendigar al intendente de la ciudad que les dé un lugar. Adecentan un establo, buscan la leña y le dan cara a la vida poniendo manos y coraje. Sobran las lágrimas y los lamentos cuando la respuesta es arremangarse. Así lo hicieron.
¿Quién consuela al condenado injustamente?. La injusticia salpica la vida de tantos humanos: la desigualdad de oportunidades; el origen racial y social; los apremios económicos y, hasta un defecto corporal es causa de discriminación.
María saboreó la injusticia y se codeó con la arbitrariedad de los poderosos: Herodes, el perseguidor; Pilato, el cobarde, que sentencia muerte para aplacar odios y resguardar poderes.
No quiero extenderme más, pero sí recordar que la Virgen se hermana con muchos adolescente y ancianos. Unos viviendo su edad adulta en soledad y tal vez con carencia de afecto y de medios económicos. María fue viuda, vivió sola y pobre. Y nuestras adolescentes, a veces madres precoces, que amasan sus miedos con las lágrimas de su inseguridad y el reproche de los adultos.
María comprende a estas jóvenes, porque ella también sorprendió a su prometido con una maternidad cuyo origen ella ocultó. (Mt. 1,20-22)
La Virgen María exalta el valor de la ley, la norma, el límite. Ella la obedece sin sentirse oprimida por ella. Su testimonio es elocuente en un mundo de relativismos y de minimizaciones de valores y tradiciones.
Y María guarda estas cosas en su corazón. Con este mirarse al interior nos da una gran lección: quien se atreve a mirar su interior y a vivir desde él, caminará en la esperanza y tendrá luz hasta en la peor noche de su vida.
La presencia de María y su maternal mediación humanizan el diario convivir y dan sentido al mismo dolor. Junto a ella dan ganas de sonreír y de gritar al mundo: vale la pena vivir.
Como exalumnos maristas, cuantas veces han sido invitados a asirse de la mano de esta madre. No la suelten, es el mejor camino para llegar a Jesús y para abrir los brazos a nuestros hermanos. Con ella, hasta nosotros podemos humanizar la globalización.