REPATRIACIÓN DE LOS RESTOS DE SAN MARTÍN
Por Patricio Avellaneda (66B)
El 12 de octubre de 1880, el presidente Nicolás Avellaneda entrega la banda presidencial a Julio A. Roca, con el país pacificado, y sus cuentas saneadas. Atrás había quedado un gobierno dispuesto a "economizar hasta sobre el hambre y la sed". Se había achicado la administración pública; se habían rebajado los sueldos; el gobierno había sufrido dos revoluciones, que culminaron con generosas amnistías. Todo algo impensado, hoy.
Fiel a esta consigna, el 5 de abril de 1877, aniversario de la batalla de Maípú, dice Avellaneda: "En nombre de nuestra gloria como Nación, invocando la gratitud que la posteridad debe a sus benefactores, invito a mis conciudadanos, desde el Plata hasta Bolivia y hasta los Andes a reunirse en asociaciones patrióticas, recoger fondos, y promover la traslación de los restos mortales de don José de San Martín. Los pueblos que olvidan sus tradiciones, pierden la conciencia de sus destinos, y los que se apoyan sobre sus tumbas gloriosas, son los que mejor preparan el porvenir".
Se nombró una comisión, presidida por el vicepresidente, Mariano Acosta. Esta fue honrada y austera. Trabajó en la biblioteca del Congreso, y no tuvo más gastos que los de librería y un escribiente.
El 25 de febrero de 1878, la Curia dona la capilla lateral, "Nuestra Señora de la Paz", para que repose allí el prócer.
El concurso para realizar el mausoleo lo gana el francés Albert Carrier, y fueron los encargados del dictamen: José Prudencio Guerrico, Leonardo Pereyra, Gral. Julio de Vedia y Enrique Parisena. El 31 de marzo de 1879, se firma el contrato, con un costo de 100.000 francos, y se debe entregar en un año, con 300 francos por día, de multa.
El viernes 28 de mayo de 1880, llegan en el vapor Talita los restos del Libertador, a Buenos Aires. Fue feriado, ese día brumoso. En la Plaza San Martín, dice el presidente: "Pocos hombres han tenido igual olvido de sí mismo, para el peligro... la ingratitud no le arrancó una queja... ¡que vuestro brazo invisible trace murallas de hierro en las fronteras, para que la bandera que hicisteis flamear en las cumbres más excelsas de la tierra, no sea jamás uncida al carro de un vencedor!".
Habían colaborado en este esfuerzo, el presidente, ministros, legisladores, las más modestas reparticiones públicas, peones de aduana, empleados de correos, soldados, profesores, estudiantes, fogoneros de barcos, etc.
Como ejemplo: profesores escuela normal de Paraná: $136; cuartel sudoeste de San Luis: $14,40; municipio de Mendoza: $10. El costo total de la repatriación, fue de $1.400.000, de los cuales aportó el estado y el municipio de Buenos Aires, $500.000.
El 6 de abril de 1881, la comisión celebra su última reunión. Se cancelan las deudas, se devuelve el dinero sobrante, y se cierra así uno de los capítulos más brillantes de nuestra historia.
Nota: Síntesis de la charla realizada en el auditorio del edificio anexo del Congreso Nacional, el 10 de agosto de 2004, donde la Confederación de Entidades Patrióticas celebró un nuevo aniversario de la muerte del Padre de la Patria.