TABAQUISMO: UNA CORTINA DE HUMO
Por Marcelo Fernández Casares (63B)
Si bien el tabaco es conocido y consumido en el mundo occidental desde el siglo XVI, es a partir de 1900 que comienza a ejercer sus efectos nocivos sobre la salud.
Esto se debe a la manufacturación de su hoja en el cigarrillo, que con el cambio de algunas propiedades químicas permite fumarlo, esto es la aspiración profunda de su combustión, llegando el humo hasta las profundidades del pulmón. Otras maneras de consumo de tabaco conocidas previamente (mascar, aspirar por nariz, cigarros, pipas) son mucho menos nocivas.
Numerosas sustancias (más de 4.000) se encuentran en el humo del cigarrillo entre ellas, muchas tóxicas y otras cancerígenas y además, la nicotina, sustancia que produce la adicción de fumar.
La aspiración del humo del cigarrillo permite que en pocos segundos la nicotina circule por la sangre y llegue a receptores específicos del cerebro causando la sensación de placer que experimenta el que fuma.
La adicción a la nicotina se encuentra entre las más fuertes, superior a la del alcohol y similar a la de la cocaína. Aquí reside el nudo del problema. El fumador habitual sabe que le hace mal y seguramente ha intentado dejar de hacerlo en más de una oportunidad, pero no puede. Al dejar de fumar, aun por sólo unas pocas horas, aparecen síntomas de abstinencia que incluyen ansiedad, irritabilidad, dificultad en la concentración, intranquilidad, hambre, deseos de fumar, alteraciones en el sueño y en algunos casos, depresión. Situaciones tales como una comida , tomar café, hablar por teléfono, beber alcohol, o estar con amigos que fuman, provocan el deseo de fumar.
Sin embargo las primeras veces que una persona fuma, las sensaciones son displacenteras como tos irritativa, gusto amargo en la boca, mareos, etc. ¿Por qué entonces se sigue fumando?.
Es en la adolescencia cuando se inicia el hábito por diversas razones como sentirse más adultos e independientes, transmitir sentimientos de rebeldía o imitar a otros de la misma edad.
Ese acto, inicialmente una elección libre se convierte al cabo de pocos meses de fumar en una dependencia. A través de la repetición constante del acto de fumar (los fumadores de un paquete encienden más de 7.000 cigarrillos al año y aspiran el humo unas 100.000 veces) se adquiere una dependencia psico-física. En efecto, el fumador necesita una cierta dosis de nicotina administrada regularmente.
La industria tabacalera es la que mayor cantidad de dinero invierte en propaganda en todo el mundo. La misma procura asociar el hábito de fumar a diversas actividades que irradien salud, belleza y éxito tales como eventos deportivos y otros al aire libre, y con personas jóvenes, felices y fuertes. Una verdadera cortina de humo, ya que nada es más alejado de la realidad de las consecuencias del cigarrillo. ¿Por qué no muestran una persona con la pierna amputada por la obstrucción arterial que le produjo el fumar? ¿O un paciente consumido por un cáncer de pulmón avanzado?.
Ya conseguida la población de mujeres como importantes consumidoras, a través de una campaña de seudoliberación femenina (has recorrido muchacha un largo camino ya, Virginia Slims) el objetivo prioritario de los traficantes del tabaco son los jóvenes y adolescentes.
La incorporación de estos nuevos adeptos les asegura que una gran proporción de ellos serán consumidores por largo tiempo.
Es así que nosotros como padres debemos evitar que estos chicos se inicien en el hábito de fumar mediante conversaciones amistosas, pero no de manera imperativa (se sabe que esto es contraproducente) y sobre todo con el ejemplo.
Con esto evitaremos que caigan en la adicción del tabaco, la cual es muy difícil de revertir y tendremos nuevas víctimas de la causa prevenible que más muertes causa en el mundo.
Marcelo Fernández Casares
Médico Clínico - Especialista en Neumonología y Docente de la U.B.A.