INCOHERENCIA: ABORTO U HOMICIDIO DEL RECIÉN NACIDO PARA EL CASO DE SER CONCEBIDO EN UNA VIOLACIÓN
Por Agustín Ithurralde Argerich (96CH)
Un caso que desnudó las incoherencias
Todos los que defendemos el derecho a la vida miramos con sorpresa la batería mediática y doctrinaria con que se ataca el derecho a la vida de los niños por nacer. Constantemente en la televisión, radio y medios gráficos, se expone una dialéctica de opiniones y testimonios que dejan de lado cualquier principio lógico y moral sobre la vida de los mas indefensos. Se sostiene el derecho al aborto, basados en un falso concepto de intangibilidad del derecho de la madre a elegir sobre la vida o muerte de su hijo.
En junio del presente año, los pro-abortistas y "defensores del derecho de la mujer", se encontraron frente a un dilema que desnudó a la sociedad lo aberrante del asesinato de un bebe. El caso fue el de Romina Tejerina, quien asesino de 21 puñaladas a su hijo recién nacido, supuestamente concebido producto de una violación.
Más allá de los hechos del caso, la alevosía involucrada en el crimen, que se probó que Tejerina estaba en uso de sus facultades cuando cometió el hecho, que la violación fue denunciada con posterioridad al nacimiento y 7 meses después de que se haya supuestamente perpetrado, etc; la cuestión de fondo generó un interesante debate que hizo analizar a mas de uno las posturas frente al homicidio de chicos indefensos, antes o después de nacer.
Como era de esperarse, el caso fue utilizado por los falsos "progresistas" para continuar machacando con un no respeto a la vida de un chico indefenso, frente a derechos de menor jerarquía, como la voluntad de la madre, la vergüenza social, posibles traumas psicológicos o el rechazo del amor de una madre a su hijo.
La mayoría de la sociedad se sorprendió ante el hecho, impulsado por un elemento subjetivo, muchos sostuvieron el dolor frente a la aberración del hecho. ¿Como se puede matar a un hijo, haya sido violada la madre o no...? Otros buscaron justificar el asesinato atendiendo a la crisis o sentimientos de la madre. Lo real es que la única postura utilizada para sostener alguna posición parecía basarse en el aspecto sentimental del caso. No se escuchó prácticamente ninguna opinión mediática o pública que se basara en alguna jerarquía del valor de la vida humana y el derecho a la misma de todo bebé.
El derecho a la vida del chico fruto de la violación visto desde un punto objetivo
A través de doctrinas sociológicas y filosóficas que sostienen que no hay valores absolutos, que cada uno posee su propia escala de valores y que no se puede coartar la voluntad de las personas en ninguna situación; se promueven modificaciones legales que permitirían el aborto libre, o en su versión acotada, estrictamente para casos de violación.
Es muy común escuchar en Católicos, personas formadas en valores cristianos, de familia y que sostienen el derecho a la vida, a su vez, defender contradictoriamente el derecho al aborto para el caso de violación. Generalmente, al defender esta postura sostienen que la madre tuvo un chico en contra de su consentimiento, que el chico no va a ser querido, que la madre se encuentra expuesta a la vergüenza, a traumas enormes o que se arruinaría la vida de criar a ese hijo fruto de una vejación. Esta postura es un error total, y con solo analizar un poco la cuestión se llega a una conclusión opuesta. Para esto es necesario abstraerse de la emotividad y dejar de lado la hipótesis de colocarse en la mente de una mujer violada para justificar el aborto.
Colocarse en el lugar de la víctima para establecer si algo es bueno o malo no es correcto. De esta manera, no podemos decir que matar a alguien por venganza ante la frustración moral que implica un robo esta bien, únicamente basándonos en la bronca del robado. Tampoco podemos decir que este es un parámetro para sostener que es correcto la intención de un padre ante la agresión física que se le haga a un hijo. Es evidente que el padre, en la mayoría de los casos, buscaría directamente matar al agresor.
Para analizar el tema es necesario colocarse a la distancia, en un carácter de observador objetivo. En el caso de una violación tenemos a dos personas, el violador y la víctima. Para el caso que de esa violación se produzca un embarazo, tenemos a una tercera persona, un bebe. No es ni el violador, ni la víctima, el bebe es un tercero, una persona que se concibió como consecuencia de este aberrante acto, nada más.
¿Qué derecho con respecto a la vida no posee esa persona fruto de una violación, ese bebe, que sí posee cualquier otro ser humano? Ninguno. Partiendo desde la base que es un ser humano desde que se lo concibió, posee exactamente los mismos derechos. La medicina de hoy ha probado que el chico posee todas las cualidades de una persona en crecimiento. Los medios técnicos nos permiten ver al chico en el útero reirse, dormir, jugar, llorar, etc. No hay discusión que estamos en la presencia de una persona viva desde la concepción. Así se encuentra sostenido por la doctrina cristiana, por la moral, por la medicina y por la ley argentina.
Con este simple análisis podemos decir que una persona de 70 años, de 25 años, de 5 años, de 2 días, de 7 meses de embarazo, de 4 meses de embarazo o de cinco días de embarazo tienen la misma cualidad de persona, y el mismo derecho a la vida. Matar a cualquiera de estas personas sin que nos hayan hecho nada y totalmente indefensos, está mal. Mas allá de las calificaciones legales, estamos ante un homicidio.
Si una persona mata a un chico de 15 años, de 21 puñaladas, mientras duerme, sin que me haya hecho nada, esta mal. Está tan mal, que está penado con el máximo de la escala penal. Y si alguien ayuda a cometer el homicidio, agarrando al chico o abriendo la puerta de la casa para que se cometa el hecho, es cómplice de homicidio, coautor, o alguna otra figura del tipo. ¿Qué es el aborto? Lo mismo, pero la víctima es un chico indefenso en el útero de la madre.
Dicho esto, ¿como se puede sostener que es viable el aborto para violación? No es viable, definitivamente. El derecho a la vida del chico nunca puede ser coartado por el derecho de la madre a no sufrir moralmente, a tener un trauma psicológico o a no tener intenciones de darle amor a su hijo. El derecho a la vida de ese chico es superior a cualquiera de estos derechos de la madre. Nunca se puede justificar un aborto por alguna de estas razones.
Es necesario separar la justificación del homicidio de un chico indefenso, de entender el trauma de una mujer violada. Es posible que una mujer ante esa situación puede tomar la iniciativa de abortar o de matar a su hijo después de nacer (hay que entender que el acto de quitar la vida antes o después del nacimiento es igual de malo). Ahí debe estar el apoyo familiar, social y del estado para defender la vida del bebé, y apoyar a la madre psicológicamente. Por esta razón, no hay mayor culpable que aquellos que ayudan de una u otra manera a matar al chico.
Nadie obliga a la madre a criar a su hijo, o a querer al bebé fruto de la violación. Para esos casos existen las instituciones que reciben chicos no queridos y los entregan en adopción. Sobran parejas y personas que le van a dar a la criatura todo lo que necesita. Las listas de espera para recibir un hijo en adopción son enormes. La Madre Teresa de Calcuta, defensora incansable de la vida, rogaba al mundo "no los maten, dénmelos".
Es totalmente contradictorio que grupos de "derechos humanos" defiendan la legalización del aborto, o del homicidio de un bebé fruto de una violación. Estos grupos deberían defender el derecho del chico a la vida. Así como atacan a los militares que decidían sobre la vida y la muerte de subversivos en los años setenta, deberían atacar a las personas que deciden sobre la vida y la muerte de bebés indefensos. Se defiende el derecho de los hijos de desaparecidos a conocer su identidad, pero no se defiende el derecho de un hijo a vivir.
Es necesario en un mundo contradictorio y que va perdiendo los valores éticos y morales, que aquellos que poseemos una formación firme en valores como el del respeto a la vida, unifiquemos un criterio fuerte en cuanto al valor absoluto de la vida humana en todas sus etapas, independientemente del origen o situación que llevó a un ser humano a ser concebido.