CARTA EDITORIAL

Por Juan Herrán (63B) - Presidente de la Asociación de Exalumnos

Richard Speer, reconocido gurú de la economía mundial, que desde hace 25 años asesora a bancos y financieras en nuestro país, consultado en el XXI Congreso Internacional de Marketing Financiero acerca de la recuperación económica de la Argentina, expresa lo siguiente idea: "la economía va bien, se están recuperando, pero esto es la Argentina, en algún momento alguna macana van a hacer y van a volver a tener una crisis". En general se coincide en que la idiosincrasia del argentino es una de las causas más importantes que impide su despegue. Entre tanto, la dirigencia política advierte que en el origen de nuestros tropiezos y fracasos está en la deficiente educación de la población. Algunos sectores consideran que es una cuestión presupuestaria mientras otros se asombran de que el presupuesto educativo tenga un componente mayoritario de gastos en personal no docente. Regímenes laborales especiales así como cuestiones relativas a la estructura y planes educativos son puestos alternativamente en la mira de la dirigencia política y las "soluciones" intentadas, poco tiempo después, son calificadas como la causa de renovados fracasos. La aplicación de nuevas tecnologías no ha garantizado el progreso intelectual, ni moral, en la capacitación de los estudiantes.

Dentro de este contexto aparece la clase política impulsando un aumento del presupuesto educativo en un 50% (del 4% actual al 6 % del PBI) con la expectativa de intentar cambiar la Argentina. Al mismo tiempo, comienza tímidamente a cuestionarse el asistencialismo como base del clientelismo político e instrumento que juega en contra de la cultura del trabajo.

En definitiva todos están básicamente de acuerdo en el diagnostico que ya en los años 30 de Enrique Santos Discépolo hacía en su inmortal tango "Cambalache". Pero donde no hay coincidencia es en el ideal hacia el cual caminar, y en los medios para conseguirlo.

Y frente a esta problemática, nosotros como Asociación derivada de un instituto de enseñanza católico, tenemos algo que decir.

Alguien opinará que los católicos bastantes problemas propios tienen como para pretender liderar una transformación en la Argentina, basada en un cambio positivo en la educación, en la formación de su pueblo. Por otra parte, la experiencia histórica demuestra que los cambios impuestos desde afuera y no del interior de las personas, por gobiernos democráticos o de facto, no resultan sustentables.

La única forma de cambiar esta Argentina reiterativa en sus caídas es cambiando su mentalidad, su cultura, diríamos su idiosincrasia. Y esto debe hacerse desde la niñez, desde la educación.

Allí es donde la obra de los Hermanos Maristas, con el Padre Champagnat a la cabeza, constituyen un modelo a imitar. Muchas son las analogías que presenta la época de la fundación de la congregación con los tiempos que corren. Champagnat se conmovía frente al joven Montagne que moribundo le confesaba que nunca había oído hablar de Dios. Cuántos chicos de los que vemos a diario viven como si Dios no existiera!!!

La Argentina debe recrearse a partir de la educación. Pero de una nueva educación, que paradójicamente es la "vieja educación". Con hermanos maristas o maestros laicos que gocen de respeto y consideración social. Que tengan una misma vocación formadora apoyada en valores evangélicos. Que miren hacia adelante en lo técnico como lo hizo Champagnat al proponer métodos de estudio y de enseñanza que años después fueran adoptados por el estado francés. Que liberen a los chicos y jóvenes argentinos de la mediocridad, de su autodestrucción.

Nuestro Colegio, bajo la dirección del Hno. Eugenio Magdaleno, es evidente que ya está en ese camino. Nosotros, los exalumnos, sabemos que nuestra Patria sólo será exitosa si se refunda culturalmente Y ello sólo es posible a través de la educación. Pero no una educación cualquiera, sino una verdadera educación cristiana como la propuesta de Champagnat.

Los resultados no serán inmediatos. Quizás muchos de nosotros, ni los lleguemos a ver. Pero es la esperanza la que debe movilizarnos a aportar nuestro esfuerzo en la persecución de ese objetivo. Champagnat no admitiría que pensáramos que la Argentina no tiene arreglo.