DON RAMÓN SANTAMARINA
Por Eduardo Antonio Santamarina (69A)
Gratamente sorprendido quedé cuando mi amigo Juan Herrán, me pidió escribir unas líneas sobre la historia de mi bisabuelo Ramón Santamarina.
Al principio dudé, pero ante los argumentos esgrimidos por Juan, sobre la importancia de resaltar la vida de quien fuera según describió Horacio Zorraquín Becú: "Don Ramón no fue la voz que deslumbra a las multitudes, ni el hazañoso paladín de las batallas. Aún más: nunca supo de ambiciones políticas, ni de pretensiones sociales, pero pese a su modestia y prudencia le fue imposible resistirse al destino misterioso que le impulsaba a servir al país que no era el suyo y al de buscar una patria para los claros linajes que engendraba y en los que habría de perpetuarse".
Don Ramón Joaquín Cesario Santamarina Valcarcel, nació en Orense el 25 de febrero de 1827 en cuya parroquia de Santa Eufemia la Real del Norte fue bautizado el mismo día. Fueron sus padres Don José García Santamarina y Varela (capitán de la guardia de corps del Rey Fernando VII, caballero de la orden militar de San Fernando) y María Manuela Valcarcel y Lopez de Agra, natural de Monforte de Lemos. Según Diego J. Herrera Vegas en la revista genealogía editada en 1993: "Los Santamarina son el fiel reflejo del espíritu asturgalaico trasladado a América: emprendedores, creativos, imaginativos, sacrificados, tesoneros, en síntesis, ejemplares y dignos de imitar". En España gobernaba por entonces Fernando VII, quien después del brote liberal de 1820, había implantado un férreo absolutismo que perduró hasta su muerte en 1833.
Poco tiempo después, su padre un 3 de abril de 1835 en la Coruña, en el faro de Hércules se suicidó, luego de perder fortuna, delante de Ramón que contaba en ese entonces los 8 años, marcando su vida y la de sus dos hermanos. Al poco tiempo, murió también su madre, dicen de pena por la situación en que quedaba la familia (octubre de 1835). Ramón quedó al cuidado de sus tíos Valcarcel, quienes lo depositaron en un asilo. Esta etapa de su vida entra en un cono de sombras. Al parecer la versión más creíble es que los hermanos Ramón y Francisco fueron internados en un orfanato de Santiago. Allí Ramón habría sido protegido por un sacerdote que se ocupó de su instrucción y de su vida. En 1843, contaba con 16 años pudo embarcarse en la goleta La Española según consta en los registros del Archivo General de la Nación llegando a orillas del Plata el 26 de agosto de ese año. Para lograr su cometido debió escaparse del asilo, gracias a la ayuda que le brindó el citado sacerdote quien le proveyó de una moneda de oro. La llave original del asilo, la conservamos como recuerdo y fue enviada en 1943 por las monjas que atendían en el orfanato. Solo se embarcó y solo llegó al Plata.
Cuando desembarca en Buenos Aires gobernaba la provincia Juan Manuel de Rosas y recién comenzaba el sitio de Montevideo, sitio que iba durar nueve años. En este contexto histórico, Ramón (según el relato de la revista Kosmos, aparecida al poco tiempo de la muerte de Santamarina) se avecinó en Barracas y su primer trabajo fue pasar bueyes con carretas de un lado al otro del Riachuelo," tarea que exigía, como ustedes se imaginarán resistencia física y que demandaba especial contextura y dureza. De esta manera había comenzado su contacto con lo que sería posteriormente su destino de riqueza, "La Carreta" (conferencia Daniel E. Pérez, pronunciada el 8/9/1990 en Tandil).
Instruido como era, en sus horas libres, enseñaba a leer y a escribir a los jóvenes y no tan jóvenes que acudían a él, como el extranjero que habían cosechado como amigo y voluntarioso maestro. Posteriormente, según Julio Costa quien escribe sobre Don Ramón, habría trabajado en el Café de las Cuatro Naciones, como cadete, en los mataderos viejos. Posiblemente allí en los fogones habría escuchado de los carreteros historias, que lo decidieron emplearse como boyero en una tropa de carretas.
No hay fechas exactas ni precisas, lo cierto es que alrededor de 1846 debe de haber llegado a los pagos de Tandil, que había sido fundada en 1823 por el brigadier General Martín Rodríguez. Un caserío alrededor del Fuerte Independencia con no más de 1000 habitantes. Era zona de frontera, los largos y penosos viajes podían durar tres meses. Llevaba los frutos del país (cueros, plumas, etc.) Se debía pelear con las quemazones, la falta de pastos, indios, gauchos alzados, la langosta, inclemencias del tiempo.
La Carreta. Con ella logró sus primeros valores materiales y le permitió crecer incorporando más de ellas a su futura tropa (extracto conferencia Daniel Pérez) Don Ramón adquirió sus primeras tierras en 1855 y como consecuencia de la Guerra de Crimea (1853 a 1856 entre Rusia y Turquía) se consolidó económicamente. Contaba los 28 años y nada lo detuvo en su avance, ni los malones que asolaban la zona, ni la dureza de la vida en la frontera, nadie le regaló nada, como el mismo manifiesta en una carta a su hermana Dolores que vivía en Orense. No importa relatar su evolución económica, sino resaltar que a través de su esfuerzo personal, constancia y honradez logró forjar una posición para él, su familia y para quienes trabajaron con él.
En 1860 se casó con Ángela Aldulcin con quien tuvo cinco hijos, tres lo sobrevivieron, posteriormente al enviudar, se casa con Ana Irasusta con quien tuvo 13 hijos. Por su ayuda a la colonia dinamarquesa de Tandil fue condecorado con la orden de Danebraj, por el Rey de Dinamarca. Sus descendientes ocuparon importantes destinos como, legisladores, ministros, hombres de la cultura y del arte, de la banca y del comercio, de instituciones rurales y oficiales etc.
El 23 de agosto de 1904, a la edad de 77 años murió en Buenos Aires rodeado por el afecto de los suyos. Fue no solo gran a trabajador sino que contribuyó a civilizar y llevar cultura en todas las zonas donde tuvo influencia, llegando con sus carretas hasta Bahía Blanca.
Como símbolo que enorgullece a todos sus descendientes, (muchos de ellos ex alumnos de este querido colegio son: Santamarina Acosta, Santamarina Terrero, Santamarina Colombres, Santamarina Larrain, Santamarina Herraiz,... Pereyra Iraola Santamarina, Fresco Martinez Castro, Zuberbühler, Casares Bosch, de Anchorena, Casal Santamarina, Fauzón, Bledel, Avellaneda, Martínez de Hoz, Gourdy Allende, Moss, Gowland, Estrada, etc.). Conservamos en un templete en la Estancia Bella Vista de Tandil, la carreta que al decir de mi madre Lastenia Colombres de Santamarina "esta carreta, simboliza la mejor herencia que Don Ramón Santamarina legó a sus descendientes, entereza en la adversidad, constancia, y honradez en el trabajo y en la prosperidad tolerancia y bondad, dejando a sus herederos un ejemplo a seguir".
Con motivo de conmemorarse el 23 de agosto del año pasado los 100 años de su muerte, sus descendientes constituimos una fundación, cuya finalidad es preservar la tradición familiar y su historia, para las actuales y siguientes generaciones. Su acta fundacional se firmó en los salones de la Basílica del Pilar el 23 de agosto de 2004 y contó con la presencia de SE Monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, amigos y descendientes.
Sólo me resta agregar: gracias, Don Ramón, por tu ejemplo.