EL JUICIO POLÍTICO
Por Patricio Avellaneda (66B)
Poco menciona la historia, que Nicolás Avellaneda fue, cinco años, 1868/73, ministro de educación de Sarmiento. Este ponía la cruz de Cristo en cada aula, y el presidente la quitaba.
Hoy, esta ciudad debate acerca de la conveniencia, o no, del juicio político a Aníbal Ibarra, por Cromagnón.
Al respecto, ante el Congreso, 19 de junio de 1869, dijo el estadista: "¿Qué se debe hacer cuando el Ejecutivo manifiesta inhabilidad, grave? Evitemos la crisis violenta, pero transitoria, de una acusación, para dejar a la ciudad bajo los peligros de una crisis permanente. Gobiernos débiles e impotentes, y sociedades profundamente desmoralizadas. El juicio, no tiene otro alcance que separar de sus funciones al empleado incapaz, sin aplicación de pena alguna. Esto es lo más humano y menos cruel."
¿Qué tortura más grande puede inflingirse a un hombre, que la de obligarle a permanecer en el poder, poder irrisorio, con una responsabilidad gravísima, pero sin autoridad, sin fuerza moral, sin prestigio, condenado a la inacción, o la nulidad?
En el año 1975, la presidente de la Nación "desvió" un cheque, que debía ir a los inundados del norte argentino.
El oficialismo, en el Congreso, se negó a iniciarle juicio político. Los resultados de esta decisión, aún la sufre nuestra querida Patria.
Horas antes de fallecer, a los 48 años, Nicolás Avellaneda se confesó con el Padre Letamendi, delante de su mujer.
Nada tenía que ocultar, de su vida pública, o privada.