GATO Y MANCHA

Por Miguel Solanet (61A)

El 23 de abril de 1925 -hacen ya 80 años-, partía de la Sociedad Rural Argentina en Palermo, Aimé Felix Tschiffely, con Gato y Mancha, -dos caballos criollos- rumbo a Nueva York.

El jinete era suizo y residía en la Argentina, cumpliendo funciones como profesor de Literatura en el Colegio San Jorge de Quilmes. Estaba casado con Violeta Hume, argentina, perteneciente a una familia de hacendados.

Su espíritu aventurero, demostrado en los viajes que realizó en su vida, lo incitó a realizar este viaje con caballos criollos en una época en que no existían los caminos ni las comunicaciones que hoy conocemos.

En la estancia "El Cardal" de Pedro y Emilio Solanet se había comenzado con la obra de recuperación del caballo criollo que se encontraba prácticamente extinguido debido a las cruzas absorbentes con razas europeas.

La moda y las tendencias dominantes de esa época imponían todo lo extranjero sobre lo nacional. El caballo no fue una excepción y casi se pierde esta raza, que demostró grandes virtudes y servicios a la patria, si no fuera por la obra que empezó en la estancia familiar.

Emilio Solanet fue el mentor de esta recuperación y es con quien se puso en contacto Tschiffely, para proponerle su proyecto.

No se le tuvo mucha confianza al suizo para una hazaña de ese tipo, pero si en los caballos, eligiéndose dos de más de 16 años para el viaje. Se pensaba que no pasaría de Rosario. Pero los hechos demostraron que a pesar de ser un extranjero supo manejar a los caballos y sobreponerse a todas las dificultades como el más consumado jinete argentino.

Hay que imaginarse lo que era un viaje de ese tipo, sin rutas, ni teléfonos, ni comodidades de ninguna especie.

Por la Quebrada de Huamahuaca pasó a Bolivia y de allí tuvieron que adaptarse a las alturas y climas rigurosos con altas temperaturas de día y muy bajas de noche.

Cruzó dos veces la cordillera de los Andes, pasó por selvas, pantanos y desfiladeros.

En el desierto de matacaballos... Le tocó pasar ríos caudalosos a nado o por puentes de sogas... El 21 de septiembre de 1928 llegaron a Nueva York, siendo recibidos con todas las pompas y saludados por el Alcalde, el embajador argentino, y otras autoridades frente al City Hall.

Recorrieron la Quinta Avenida, que fue cerrada en su honor, hasta llegar al Central Park. Finalizando el trayecto en el cuartel de la Policía donde fueron alojados los caballos.

El Diario La Nación publicó en su editorial de ese Día "ya al llegar a a la Quinta Avenida de Nueva York llevaban en sus cascos el polvo de veinte naciones atravesadas de punta a punta, el trayecto más largo y rudo que el de ningún conquistador; y sobre su pecho, un moño blanco y celeste bien ganados como una condecoración, los colores argentinos".