POLO ARGENTINO. POCO GLAMOUR Y MUCHO SACRIFICIO

Por Alberto Pedro Heguy (58A)

Pasé mi infancia en el campo de Intendente Alvear, en La Pampa. Los recuerdos se acumulan mezclando imágenes de mi familia junto a mis primeros amigos y compañeros: los caballos.

En esa época compartía mi vida junto a mis padres y hermanos –Horacio, Myriam y Eduardo Bautista- en la estancia Anay Ruca construida en 1938. Anduve a caballo desde los 5 o 6 años y recuerdo especialmente a mis petisos Pilero y Claravel. Mis primeros años escolares los cursé en una escuela de campo. Íbamos a dar los exámenes a la localidad de Cevallos, a quince kilómetros de allí. Más tarde comenzamos a viajar a Buenos Aires para pasar algunos meses en el colegio Champagnat hasta hacer el año completo. La adaptación no fue fácil pero no han quedado traumas gracias a la calidad educativa de esa institución que nos ha ayudado a sentirnos, como decimos con algunos compañeros y amigos que aún conservo, "ni snobs, ni resentido".

La vida en el campo de Intendente Alvear ha dejado en mí huellas para siempre. La libertad, la responsabilidad del trabajo, el conocimiento de la naturaleza, la vida dura pero formativa, el compartir todo en familia y la amistad de la gente que trabaja allí, son valores que me acompañan hasta el día de hoy. Debido a este estilo de vida desde pequeño estuve ligado a los animales y mi pasión por ellos condicionó mis elecciones futuras: mi profesión de veterinario y el polo. Para jugar a este deporte es necesario tener un contacto temprano con el animal. Los caballos se crían y eligen por aptitud: velocidad, resistencia y sensibilidad. Se los doman, adiestran y entrenan para que lleguen a formar parte del cuerpo de quien los monta. Éste le transmite las órdenes para que al pensar arrancar, arranque; doblar, doble; parar y pare. Debe ser un animal automático. La relación polista–caballo es sumamente utilitaria. Si sirve, sirve, si no sirve se descarta, por lindo que sea.

A los seis años mi padre me regaló el primer taco para taquear a mi petisa Claravel y a los trece gané, para el Champagnat, mi primer intercolegial con mi hermano Horacio, Franky y Gastón Dorignac. Veinte años después los cuatro teníamos diez de handicap.

Cuando yo comencé, el polo era un deporte amateur. Quizás por eso se formaban equipos que hoy son parte de la leyenda del polo en Argentina, como el de Coronel Suarez con los hermanos Harriot. En 1958, mi padre -Antonio Heguy- y Juan Carlos Harriot (padre) formaron el equipo que ese año salió Campeón Argentino con Horacio y Juan Carlitos. Más tarde mi padre dejó su lugar a Luis Lalor y luego, éste a Daniel Gonzalez y en 1963, Daniel a mí. En 1967 se incorporó Alfredo Harriot y ahí quedó conformado el equipo que en 1979 y 1980 sería la selección argentina para la Copa de las Américas en Buenos Aires y San Antonio Texas (USA). Era un equipo que hacía todo bien para ganar. No sé si éramos demasiado amigos pero sé que teníamos un objetivo común: ganar. Yo digo que ese equipo "tenía alma". Era difícil ganarle. Así Juan Carlitos ganó veinte campeonatos argentinos, Horacio diecinueve, yo diecisiete y Alfredo trece.

Cuando dejé el equipo de Coronel Suárez invité a mis sobrinos, los mellizos Gonzalo y Horacito, a formar el equipo de Indios Chapaleufu y ellos lo convencieron a Horacio, mi hermano, para que nos acompañara a pesar de que ya se había retirado. Todo una aventura. Como publicó el diario La Nación "mucho pasado y mucho futuro". Tuvimos resultados sorprendentes: perdimos en la semifinal del Campeonato Argentino Abierto de Polo contra Los Indios y al año siguiente recién perdimos en la final contra el poderoso equipo de La Espadaña. En 1985, Marcos, mi otro sobrino, ya estaba maduro para integrar el equipo, por lo que cedí mi lugar e incorporé a mis hijos Eduardo y Pepe. Nuevamente tuvimos que convencer a Daniel González que se retiraba, y nos mandamos un "campañon" perdiendo la final del Abierto por sólo un gol nuevamente contra La Espadaña. Año a año fuimos incorporando otros jugadores como Celestino Garros, Benjamín Araya y Cristian Laprida, con la condición de que, además de ser buenos jugadores fueran buenas personas. Así se fue conformando el equipo definitivo de Indios Chapaleufu II (Chapa II) con Nachi y Milo Fernández Araujo que fue cuatro veces Campeón Argentino en los últimos ocho años.

A ese punto, sé que prácticamente somos una dinastía, aunque nunca me propuse crearla. Pero los Heguy somos "gente de a caballo" y el polo es una consecuencia de esa vocación con que pareciera que ya se nace. Esa tendencia y esa habilidad hacen que hoy mis hijos y sobrinos puedan competir entre los mejores.

Después de los equipos de Coronel Suárez, Santa Ana y Mar del Plata, aparece "La Espadaña" como equipo super profesional con los hermanos Pieres y Ernesto Trotz en 1983, al que se le agrega algún año más tarde Carlitos Gracida. Ahí ya podemos hablar de la profesionalización del polo.

Yo seguí jugando entre mayoría de profesionales hasta 1991 inclusive, conservando mi condición -y hasta orgullo- de amateur.

Considero que la profesionalización de este deporte ha generado cambios positivos y negativos. Por un lado hizo desarrollar toda la potencialidad del deportista que supera todas las limitaciones que sean posibles, pero por otro se ha perdido cierta mística. Igualmente, soy consciente de que el amateurismo, hoy en día, es casi un anacronismo. La generación del ´60 a la que pertenezco, con su exacerbado idealismo que nos hizo caer en la violencia, dio paso a una generación pragmática que no se preocupa tanto por lo que se debe hacer sino por lo que conviene. La actual es una generación más práctica, más pacífica. Si bien el profesionalismo es una realidad en todos los deportes, sigo orgulloso de ser un deportista amateur.

También se habla mucho del polo como un deporte elitista. Eso es un mito. En la Argentina tenemos el mejor polo del mundo porque puede jugar cualquiera que tenga entusiasmo, condiciones y capacidad de sacrificio, ya que es un deporte complicado. Acá juegan desde el empresario hasta el domador más criollo, pasando por el polista amateur, el profesional, el piloto y el petisero. También las mujeres pueden jugarlo. Por ejemplo en Los Indios se organiza la Copa Myriam Huguy en recuerdo de mi hermana, una de las pioneras del polo femenino en la Argentina. En la actualidad la Dra. Marcela Cerrutti, médica veterinaria del laboratorio de la Sociedad Rural Argentina, es una de las principales polistas de nuestro país. En otras partes del mundo lo juegan los príncipes y sultanes más encumbrados y los jugadores profesionales, algunos de los cuales comenzaron siendo peones de campo, domadores o petiseros. Los profesionales argentinos son convocados muchas veces desde el exterior. Van a jugar a EEUU, Inglaterra, Francia, España, Italia, Australia, sudeste asiático y hasta Nigeria, donde ganan muy bien, aunque en su país juegan prácticamente gratis.

También me interesé por participar en política, actuando en las luchas estudiantiles desde muy joven. En 1958, mientras cursaba quinto año del secundario, el Colegio Champagnat, por ser privado y religioso, fue atacado por activistas y estudiantes de colegios estatales. Unos treinta o cuarenta salimos a defenderlo y fuimos masacrados. Pero finalmente se impuso la enseñanza libre, surgiendo las universidades privadas como la Universidad Católica Argentina, la Universidad de Belgrano, la Universidad Argentina de la Empresa, la Universidad Austral y tantas otras. A la larga la libertad siempre triunfa. Creo firmemente en la libertad con responsabilidad y en la moral como único camino para ser feliz. Para el creyente o el ateo, se tenga fe en Dios o en el orden natural la moral es el camino.

Ya recibido de veterinario, viviendo en Intendente Alvear me sentí comprometido a actuar. Fundé un Ateneo político, después un Comité y en 1973 fui elegido Concejal. Más tarde (1976/1978) asumí como Vice-Presidente del Banco de La Pampa y entre 1980/1982 ocupé la Vice-Presidencia del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

En 1994 el Dr. Isamel Amit, tres veces gobernador de La Pampa, me pidió que tomara la presidencia del Movimiento Federalista Pampeano (Mo.Fe.Pa). He sido candidato a Concejal, Diputado, Senador, Convencional y Gobernador. Entiendo a la política como un medio para hacer cosas para los demás y hoy tengo la conciencia tranquila.

Ahora ya estoy en la etapa del retiro. Digo con cierto humor negro que sólo me falta cumplir el sueño eterno. Lo que hice, lo hice; lo que no hice, no lo pienso hacer. Soy feliz. La única vocación firme que tuve fue fundar una familia. Es lo único trascendente que puede hacer el ser humano. Sin eso todo lo hecho no me hubiese servido para nada. Mantengo mi orgullo de pertenecer a una generación de idealistas en lo político y amateurs en lo deportivo, aunque reconozco que es una posición anacrónica. La generación actual es desinteresada o pragmática en la política y profesional en lo deportivo. Nuestro polo tenía mayor simpleza, más juego de equipo y más pasión. Hoy se tiene superior habilidad, técnica y estrategia, pero cierta tendencia al individualismo.

Por otra parte no puedo alejar al polo de mi vida. Ahora que ya no juego a ganar, me invitan a todos lados a hacer exhibiciones con los altos handicaps argentinos. Para mí es un honor que ellos se diviertan jugando conmigo y por supuesto yo también me divierto mucho. A cualquier "patrón" -empresario que contrata a polistas profesionales para participar en campeonatos- le sale carísimo jugar con deportistas de este nivel. En cambio yo juego gratis.