VOLVER A LAS BASES
Por Julián Martín Obiglio (93A)
Agustín Ithurralde me ha pedido que escriba un artículo para la revista de ex alumnos de este año, sabiendo que hace un tiempo estoy participando en política, y que tal vez, algo útil sobre el tema puedo intentar transmitir.
Aprovechando que este año varios artículos se referirán a la actualidad de la sociedad Argentina y al camino que debe recorrerse para retomar los valores morales, religiosos y sociales que el Colegio procura forjar en sus alumnos, yo intentaré expresar en forma breve y simple cuáles son, a mi criterio, los "valores" políticos a los que deberíamos intentar retornar.
Y hago hincapié en la simpleza y brevedad de la explicación para que la lectura de este artículo también genere interés en aquellos que, hoy en día con toda razón, rechazan cualquier tema vinculado a la política.
Volver a las bases
Hace un buen tiempo que nuestro querido país se ha alejado del camino que ha hecho que países como España, Chile o Irlanda (entre muchos otros), se encuentren entre los Estados que mayor calidad de vida brindan a sus habitantes.
Pero, ¿cuál es el camino que hemos dejado de lado para llegar a la situación en la que nos encontramos hoy?
En nuestro país resulta absolutamente común escuchar a nuestros representantes (desde el Sr. Presidente, pasando por los Sres. Ministros, Sres. Legisladores, y Funcionarios de altos niveles administrativos) referirse a la Propiedad Privada como algo relativo y vulnerable según las necesidades del gobernante de turno. O hablar de la División de Poderes como algo utópico y propio únicamente de algún idealista trasnochado.
O referirse al Estado de Derecho como una imposición establecida por la Constitución Nacional, que debe ser respetado solamente para no perder la intención de voto o los índices de aceptación popular.
Inclusive llega a festejarse públicamente la decisión de dejar de pagar la deuda de nuestro país con sus acreedores, o los agravios verbales dirigidos directamente y en forma personal al presidente del país más exitoso el mundo, del cual dependemos en gran medida para obtener el crédito necesario para nuestro desarrollo.
Seamos claros: esto en los países exitosos, donde la población vive mucho mejor que nosotros, NO SUCEDE.
No es casual que los países que respetan la Propiedad Privada, el Estado de Derecho, los Contratos, la Libertad Política y Económica, la Libertad de Circulación, su Deuda Interna y Externa, el Principio de División del Trabajo, etc, sean aquellos en los cuales personas como nosotros, gozan de los mayores índices de calidad de vida.
Y cuando me refiero a calidad de vida no hablo de tener una casa de quinientos metros cuadrados, o de tener un barco para pasear los fines de semana, o de viajar en primera clase en vez de en turista.
No. Lo que eleva la calidad de vida de la gente son cosas mucho más simples, que no necesariamente se encuentran vinculadas con la riqueza: la posibilidad de circular libremente por sus calles, sin ser robados, secuestrados o "piqueteados"; la tranquilidad de saber que los contratos van a ser cumplidos; la seguridad de que sus ahorros no van a ser confiscados, la plena certeza de que están aportando para el día de mañana jubilarse y disfrutar de una pensión digna; la confianza de que sus jueces van a impartir justicia; la idea de saber que si quieren y libremente deciden comprarse una casa de quinientos metros, o un barco para pasear los fines de semana, tienen acceso al crédito, y que por más que se endeuden por varias decenas de años, existen capitales disponibles para ser prestados, etc, etc.
Amigos, esto es lo que quiere la gente en todo el mundo, y también la de nuestro país.
Pero para poder brindar estos niveles de calidad de vida a nuestros ciudadanos, debemos retornar a las bases que hace sesenta años nos hicieron uno de los países más exitosos del mundo, al cual los ciudadanos de Europa y Norteamérica querían venir a toda costa. Hoy solamente quieren venir para comprar objetos de plata y cuero. Más o menos lo mismo que hace unos años, cuando tres Carabelas llegaron a América...
El "Indice de Libertad Económica" publicado por la Heritage Foundation, califica a todos los países del mundo analizando en cada uno el funcionamiento de ciertas Instituciones básicas, como ser el Estado de Derecho, la Carga Regulatoria Estatal sobre las actividades comerciales, las Restricciones Financieras, las Regulaciones del mercado laboral, la importancia del Mercado Informal, la Corrupción, las Barreras impuestas al Comercio, la Carga Impositiva y el respeto al Derecho de Propiedad.
En las mediciones del año 2004, los 13 primeros puestos del ranking estaban ocupados por Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Irlanda, Estonia, Reino Unido, Dinamarca, Suiza, EEUU, Australia, Suecia, Chile.
¿Cuándo hemos escuchado a los dirigentes de estos países decir que la Propiedad Privada es algo negativo para sus habitantes, o que la apertura al mundo globalizado les va a frustrar su desarrollo?
Y por otro lado, ¿cuándo hemos escuchado a los habitantes de estos países quejarse porque no pueden caminar tranquilos por las calles de sus ciudades sin ser asaltados o secuestrados? ¿O alguna vez los hemos escuchado protestar porque su sistema de salud no funciona y tienen que esperar meses o años para ser intervenidos quirúrgicamente?
La respuesta es clara: no lo hemos escuchado porque esas cosas no son las que comúnmente suceden en esos países. Esas mínimas cosas son las que elevan la calidad de vida de los habitantes.
Es evidente la relación directamente proporcional que existe entre el respeto por las Instituciones que promueven esos países y el nivel de calidad de vida que experimentan sus ciudadanos.
En el ranking mencionado, Argentina se encuentra en el puesto 116, luego de países como Pakistán, Ruanda, Etiopía y Paraguay...
Es por ello que, tal como dijera al comienzo de este breve artículo, debemos bregar para que Argentina vuelva al rumbo perdido. Y ello no implica buscar recetas mágicas, o inventar nuevas políticas públicas. Hay que retornar a la bases que sirvieron para que nuestro país llegara a ser uno de los que mayor calidad de vida brindaba a sus habitantes.
Y para ello tenemos que concientizar a nuestros representantes que el único camino posible al éxito nacional es volver a poner en primer lugar a la Propiedad Privada, el Estado de Derecho, la Estabilidad y la Libertad Económica, la Apertura al mundo, el respeto de los Contratos, la Previsibilidad, el pago de las Deudas, la defensa de la Libre Competencia, la Libertad de circulación, etc., etc.
La cuestión no pasa por las ideologías de derecha o de izquierda, o por la asignación o no de planes trabajar, sino que pasa por el regreso a las Instituciones Básicas que nos permitieron forjar esta gran Nación.
No tenemos nada que inventar, solamente observemos que es lo que hacen aquellos que le brindan altos niveles de vida a sus ciudadanos y copiémoslos.
Nada más. Solamente volvamos a las bases.
Julián Martín Obiglio
Abogado integrante del Estudio Borda
Candidato a Diputado Nacional por la Ciudad de Buenos Aires, en "Propuesta
Republicana" (PRO)